Creando tu propio kamon, el símbolo familiar japonés

Llevo algunos días sumergido en episodios de historia antigua de Japón. Tiempos más convulsos sin duda, pero a la vez mas sencillos y “puros” que los días en los que vivimos hoy en día.

En concreto he estado leyendo sobre diversos clanes o linages japoneses cuyas creaciones e influencia continúan vigentes en la actualidad. Caminando por Tokio es fácil encontrar referencias históricas “camufladas” a lo largo del paisaje urbano. Ya sea en forma de un edificio de una gran corporación, un pequeño santuario entre callejones, o incluso en los letreros de algunos restaurantes, se pueden encontrar marcas familiares que identifican, aunque a día de hoy esto puede haberse diluido bastante, a las familias que hay detrás.

Los símbolos familiares (家紋、かもん, Kamon) se usaban antiguamente, para identificar carromatos o mercancía de familias poderosas. De manera que si eras un bandolero durante la era Heian (794-1192) y tenías pensado asaltar algún transporte, igual te lo pensabas un par de veces si el transporte en cuestión pertenecía a una familia poderosa.
Los kanjis que forman la palabra son:

家: familia
紋: cresta

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En Nikko el Kamon del clan Tokugawa está por todas partes

Con el tiempo su uso se fue popularizando y extendiendo a la casta Samurai. Tal vez todos tengamos en mente las películas de samurais japoneses luchando en el campo de batalla con banderas a la espalda con el símbolo del clan familiar.
Efectivamente los Kamon se usaban para identificar a que bando pertenecía cada soldado en el campo de batalla, motivo por el cual el diseño de un kamon tiende a ser bastante sencillo, minimalista, fácil de reconocer y de memorizar.

Con la desaparición de la casta samurai, el uso del Kamon pasó poco a poco de ser algo exclusivo de la nobleza, al dominio público. Así pues mercaderes, artesanos o incluso “mujeres de afecto negociable” comenzaron a usar sus propios kamon.

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Kamon “camuflados” entre carteles de diferentes restaurantes

A día de hoy en el Japón cotidiano nadie se preocupa mucho de esto. Vendría a ser como la heráldica para nosotros. Salvo alguna conversación casual sobre el tema nadie suele prestar mucha atención a estos símbolos salvo en un par de ocasiones.

Una sería ocasiones especialmente formales donde uno viste un “kimono de gala” y habitualmente si la ocasión es lo suficientemente solemne se suele incluir el kamon familiar como adorno.

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Boda shinto en el que el novio lleva el kamon familiar bordado en el kimono

Otra ocasión es en los funerales. Si visitáis un cementerio, veréis que en las lápidas suele aparecer tallado el símbolo familiar del difunto.

Antiguamente existía al parecer un registro oficial de estos kamon. Aunque por lo que he leído la gente los usaba bastante aleatoriamente.

Para nosotros esto es algo extraño ya que, si nos guiamos por la heráldica, todos los García o los Fernández (por ejemplo), están representados con el mismo escudo de armas. Sin embargo existían diversas familias Yamamoto (por ejemplo) que usaban diferentes kamon.

Esta última parte no la entendí muy bien. Y cuando pregunto al respecto la respuesta suele ser dispares. Tengo que hacer algo más de investigación al respecto.

El caso es que a día de hoy no existe tal registro oficial y con la excepción de dos Kamon en particular, puedes usar el que más te guste.
Los dos Kamon en concreto cuyo uso personal está “prohibido” son dos.
– El crisantemo del emperador
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– La Paulownia del primer ministro.
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Así que el otro día, dentro del apartado de cosas que probablemente sólo me importen a mi, me propuse diseñar mi Kamon familiar.

Los diseños clásicos son de dominio público, así que hoy hay copyrights por los que preocuparse, y tras buscar un poco por ahí, di con esta página en donde se pueden conseguir los vectoriales de los diseños originales. Y tras descargar una versión de trial de Adobe Illustrator me puse manos a la obra.

Estuve haciendo un par de experimentos, probando a mezclar diversos diseños pero nada acababa de convencerme. A fin de cuentas el diseño de un Kamon representaba antiguamente la filosofía y la historia de la familia en concreto.
Yo decidí por un acercamiento mucho mas “gaijin” y como me gustan las hojas de los arces japoneses, usé el símbolo del Momiji para mi escudo familiar.

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Ole! 🙂

Verano de letargo

Llevo 3 meses sin escribir por aquí. Lo cual, en cierto modo, es fiel reflejo de estos últimos 3 meses.

Os contaba que cambiaba de trabajo y que se avecinaban cambios. Bueno pues algunos de esos cambios han resultado ser más difíciles para adaptarse que otros.

También han sido 3 meses de introspección y de reflexión. De poner en una balanza diversos factores que afectan a mi vida diaria.
He hecho también una proyección de hacia dónde quiero dirigirme y cómo quiero pasar los siguientes años de mi vida, y eso ha generado una serie de decisiones que ahora debo ir afrontando poco a poco.

Esto, que puede sonar muy drástico, en realidad no lo es tanto.

En cosas que pueda enumerar rápidamente por aquí, todo comienza en volver a cambiar de trabajo.
Probablemente mi actual empresa, a nivel de empresa y de ingeniería, sea el lugar con mayor nivel en el que he trabajado nunca. Está llena de gente brillante y muy buenas personas. Y aunque sólo he pasado aquí 3 meses, creo que en algunos aspectos lo echaré de menos.

Sobre todo a este señor!

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Pero se entra a trabajar demasiado tarde, con lo que la hora de salida se alarga demasiado, y si bien existe la opción de ir un poco a mi bola y entrar/salir antes, a la larga, a nivel de trabajar en equipo, no es el mejor escenario.
Me molesta mucho el no haber podido encajar mejor, y me voy con la sensación de haber fracasado. Pero supongo que esa sensación se vaya difuminando con el tiempo.

Así que, si todo va bien, a partir del mes que viene arranco otro proyecto en otro lugar, con un horario que se ajusta más a lo que busco.
La idea es que reduciendo el tiempo que paso en la oficina, podré comenzar a dedicar mi tiempo fuera de la oficina a cosas que son realmente importantes para mí.
Así a bote pronto:
– Retomar todos mis proyectos fotográficos, resucitar Tokyo-Project y comenzar a auto-publicar libros.
– Aumentar los días de entrenamiento de karate al menos 3 por semana.
– Comenzar con Kenjutsu
– Viajar a todas y cada una de las provincias de Japón
– Mudarme
Y el resto… ya lo iréis viendo por aquí.

Ah! y mi familia viene de visita a principios de Octubre, qué más se puede pedir para arrancar con ganas esta nueva etapa?

El letargo se acabó.

Exámen de cinturón negro, viaje a Okinawa y nuevos comienzos

Aunque no haya publicado mucho que digamos, en estas últimas semanas han pasado varias cosas. Vamos a resumir por aquí.

Por un lado me fui a pasar unos días de descanso por España. Aprovechando que en breve comenzaré en una nueva empresa (más sobre esto un poquito más abajo) y el bizarro sistema de vacaciones Japonés, tenía que gastar mis días de vacaciones del año en mi empresa actual o resignarme a perderlos, así que aproveché para regresar por casa y descansar unos días, que nunca viene de todo mal.

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Al principio, al regresar a España me abrumaba la sensación de “estar de vuelta” de repente. Los aviones te dan poco margen para ajustarte y cuando quieres darte cuenta, pasas de estar rodeado de kanjis y neones, a estar subiendo por las viejas y empinadas cuestas de San Lorenzo.

Tenía que estar de vuelta antes de cierta fecha porque tenía mi exámen de cinturón negro cierto domingo, así que estas vacaciones no pudieron ser todo lo largas que hubiera querido pero bueno no hay queja alguna.
Aproveché para visitar mi antiguo dojo y conocer en persona a la gente de Seidokai España, un grupo de gente muy amable que me acogieron en uno de sus entrenamientos como si fuera uno más de ellos.

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Es interesante ver y practicar karate en diversos lugares, y poder comparar y enriquecer tus conocimientos con la experiencia.
Muchísimas gracias a Benjamín, Antonio y al resto de la familia Seidokai, de todo corazón.

En esta ocasión pasé casi de incógnito por España, si es verdad que me hubiera gustado visitar a mucha gente pero entre unas cosas y otras, sumado a que pillé un catarro hacia la mitad del viaje, hizo que optara por pasarme los días disfrutando de la familia, la lectura y de la increíble gastronomía española.

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Al regresar a Tokio sólo tuve un par de días antes del día del exámen, además pensaba haber entrenado mucho más en España, pero los últimos días a causa del resfriado a penas pude hacer gran cosa, así que entre el jet lag y los restos del catarro llegué al exámen en unas condiciones no precisamente buenas.

Dicen que lo mejor para el jet lag es que te de el sol y hacer ejercicio, así que el domingo del exámen, tras haber dormido mal y poco, salí de casa por la mañana con el uniforme de karate y la cámara llenando la mochila a partes iguales.

Por la mañana había quedado con Héctor y con mi amiga Yurie para dar una vuelta por el Shinjukuj Gyoen y ponernos al día y por la tarde, tras 300 gramos de gloria en el ikinari steak, marché rumbo al dojo para prepararme.
Llegué con varias horas de antelación, y a falta de nada mejor que hacer y para combatir el sueño que comenzaba a entrarme, me cambié en el baño y me puse a hacer estiramientos y ejercicios en la puerta a la espera de que llegaran los profesores y abrieran.
Casi dos horas de estiramientos y ejercicios dan para mucho, y cuando comenzaron a llegar los profesores y el resto de compañeros que se examinaban, yo ya estaba mas o menos reventado!

Sobre examinarse de cinturón negro de karate en Japón diré que me resultó mucho más difícil de lo que parecía en papel. Los katas que tenía que presentar los conocía relativamente bien, los había practicado bastante para algunas de las competiciones anteriores y aún así al verme en frente de mis profesores al completo, sentados en la mesa delante de mi, debo decir que me puse más nervioso de lo que había podido imaginar.

Al terminar, nos hicieron salir fuera y nos pidieron que esperásemos un rato. Yo daba por sentado que los resultados nos los comunicarían en la siguiente clase, como suele ser habitual con los exámenes de kyu, pero los dos instructores que nos asistieron durante el exámen nos dijeron que para el exámen de cinturón negro, los resultados los daban ese mismo día.

Ahí si que me puse más tenso!

Tras cerca de media hora de espera, la tensión, el cansancio y el sueño ya estaban haciendo mella en mi y comencé a sentirme hasta mal. Pero toda ese malestar desapareció de un plumazo cuando me llamaron para comunicarme que había pasado el exámen!

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“Hasta ahora has aprendido lo básico para comenzar a construir tu karate. Tu camino comienza ahora, これからも宜しく。”

空手はこれから…

A photo posted by CaDs (@cdonderis) on Jul 7, 2016 at 5:20am PDT

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Todo esto como siempre, parco en palabras, pero generosos en sonrisas, que en el dojo hay que mantener las apariencias.

Creo que ese fue el primer día que dormí a pierna suelta!

Los días posteriores al exámen los pasé en Tokio, a medio camino entre la oficina y diversos paseos por la ciudad ya que aún tenía algunos días de vacaciones por consumir.
Realmente sólo tenía que hacer tiempo hasta el fin de semana ya que me había apuntado a un viaje a Okinawa junto con algunos miembros de varios dojos del estilo Gensei ryu. La idea del viaje era pasar un par de días entrenando y aprender un poco más de los orígenes del estilo que practicamos.

La verdad es que no tenía mucha idea de con qué me iba a encontrar, pero la oportunidad de poder entrenar en Okinawa, la cuna del karate, con profesores locales y pasar un par de días exclusivamente dedicado al karate sonaba demasiado bien para dejarlo pasar.
Y la experiencia resultó aún mejor!

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Toda la pereza y las dudas de pasar 2 días con un grupo de japoneses a los que conoces relativamente poco en Okinawa, se disiparon al poco de montarme en el avión.
Aquello de obligarte a salir de tu área de confort no deja de reportar buenas experiencias y es algo que sin duda voy a seguir haciendo.

Visitamos el museo del karate, el castillo de Shuri y finalmente pude vi el mar en Okinawa! (esta vez era la tercera vez que viajaba allí y aún me faltaba por catar una playa)

Resultó curioso que todo el viaje estaba relacionado con el karate, incluso los restaurantes que visitamos en los que los mismos camareros y dueños del local resultaron ser también maestros de karate o kobudo y lo demostraron montando una especie de show exclusivamente para nosotros.

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El entrenamiento en sí resultó también muy interesante, y sirvió para entender el origen de algunos de los movimientos que practico habitualmente y que nunca me había parado a pensar.
Esto del Karate no tiene fin.

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De vuelta en Tokio, pasé otro par de días de vacaciones que tenía pendientes de usar y volví a la oficina a cerrar asuntos pendientes y comenzar a prepararme para el nuevo trabajo.

Esto último es lo que más alterado me tiene.
Resulta que desde que llegué a Japón he trabajado siempre en el mismo sitio. Esto se traduce en algo más de 5 años trabajando en la misma empresa (a pesar de las sucesivos cambios de nombre y fusiones)
He llegado a un punto en el que comenzaba a sentir la necesidad de salir también de mi zona de confort en el trabajo, afrontar nuevos retos y aprender sobre nuevas áreas de negocios. Y un día casi sin querer la oportunidad se presentó por sí misma y encima nada más y nada menos que de la mano de Oskar!

Así que a lo tonto llevo 3 semanas compartiendo nuevamente oficinas (y risas) con Ikusuki. Y aunque aún hay muchas cosas a las que acostumbrarse, las sensaciones por ahora son muy buenas.

Y estas han sido mis últimas semanas por aquí. Mucho trajín, muchos nervios, algo de insomnio pero sobre todo muchas risas y buena gente por todas partes.

Así da gusto!

Practicar, repetir, mejorar

Escribo esta entrada con las agujetas del día de ayer en el cuerpo mientras el equipo de atención al cliente, en la habitación de al lado, practican como cada día las frases de cortesía con las que responden a los clientes por teléfono.
Mis agujetas vienen del campeonato de karate de Setagaya en el que participé ayer.

Puede que esto no tenga mucho sentido fuera de mi cabeza, pero se me acaba de ocurrir que lo que hace el equipo de atención al cliente en la habitación de al lado se parece mucho a lo que vengo haciendo yo durante estos últimos años.
Practicar, repetir y, en lo posible, mejorar.

Ayer participé en la categoría de katas para no cinturones negros. Para esto me llevo preparando de manera más o menos seria desde Enero, pero llevo repitiendo los mismos 2 katas que usé cerca de 2 años.

Y de la misma manera que la gente de la habitación de al lado repite cada una de sus frases, y son corregidos por el manager del grupo, dando pequeñas indicaciones de cómo mejorar, creo que yo hago mas o menos lo mismo, solo que en el dojo en lugar de la oficina.

Creo que estoy aprendiendo sobre aprender cosas a la manera japonesa.

Imagino que, al igual que yo con mis katas, la gente de atención al cliente, tras haberse aprendido de memoria las formulas de cortesía, las practican a diario, buscando el tono de voz correcto, la cadencia adecuada y tratando de emitir una voz que resulte lo más agradable posible de manera que el cliente que llame sienta que es atendido de la mejor manera posible.
Es un proceso que no tiene fin porque, si buscas lo suficiente, siempre hay algo que mejorar.

Y creo que este es el punto clave, seguir teniendo interés en buscar algo que mejorar.

En mi caso todo se traduce a elementos mucho más físicos. Trabajar las posturas, la flexibilidad, aumentar la resistencia de los músculos, trabajar la explosividad, y sobre todo la respiración.
Aprender, repetir y mejorar.

Y en mi caso, el buscar esos puntos que mejorar, significa cruzarme Tokio cada sábado por la mañana para ir a entrenar.
El entreno de los fines de semana es muy diferente, porque habitualmente suelo ser el único alumno y eso me permite entrenar uno a uno (man to man, como dicen por aquí) con mi profesor.

Una y otra vez repito los mismos katas. Y, a medida que voy progresando, se abren nuevos retos, nuevos lugares en los que mejorar.

Es como subir tramos de escaleras. Una vez que logras subir el último peldaño se abre ante ti el nuevo tramo. Y cada tramo lleno de escalones nuevos por los que ascender.

Muchas veces la gente de soporte, cuando hablo con ellos, me dicen que es un coñazo lo de tener que repetir lo mismo cada mañana, pero que en realidad les ayuda bastante en su trabajo.

Yo también, en muchas ocasiones me harto de repetir lo mismo cada vez. Pero ayer gané el campeonato.

En mi opinión mi actuación dejó mucho que desear.
Estoy acostumbrado a entrar en madera o en tatami como mucho, pero ayer en tuve que competir sobre las colchonetas oficiales y no había practicado sobre ellas. Me faltó el equilibro en demasiadas ocasiones y mis desplazamientos los sentí bastante torpes.

Y aún así gané el campeonato, según lo que dicen los demás, de manera holgada, ya que casi todas las banderas de los jueces eran de mi color.

Y más que en medallas y felicitaciones, yo en lo único que pienso ahora es en volver al dojo.

Para seguir practicando y repitiendo 🙂

Creando

Hace tiempo ya desde que decidí cual sería mi bando entre ser espectador o creador.

Me gusta hacer cosas, crear contenidos (ya sean de mayor o menor calidad) y rara vez me contento con simplemente ver un video o mirar una fotografía sin preguntarme si podría hacer algo parecido o incluso mejorarlo.

Supongo que el tratar de superar lo ya conseguido casi constantemente forma parte de mi naturaleza.

Esto que puede sonar muy bien en realidad, a poco que te descuides, se puede transformar fácilmente en una fuente de frustraciones casi continuas, por no hablar del casi constante síndrome del impostor.

Pero creo que desde hace unas semanas he decidido pasarme por el forro el síndrome ese y hacer básicamente lo que me sale de las pelotas en cuanto a crear contenidos se refiere.

Comencé seleccionando algunas fotos que he ido tomando a lo largo de los años y monté a modo de prueba un foto libro para ver como quedaría la cosa.
Una cosa es ver tus fotos en la pantalla, otra verlas impresas individualmente y otra muy diferente (al menos para mi) el verlas juntas y repartidas a lo largo de las páginas de un libro.

Aquí os dejo un video con el resultado

Este libro partió a los pocos días a la otra punta del mundo para transformarse en un regalo, pero me dejó con el regusto de darle otra vuelta, organizar las fotos de manera diferente y tratar de agruparlas contando historias (historias muuuuy abstractas).

Esta vez decidí usar Blurb, un servicio de impresión bajo demanda, en el caso de que decidiera hacer público el proyecto y ponerlo a la venta.
Blurb permite a cualquier autor auto-publicarse de manera fácil y sin costes por adelantados. La parte que me gusta menos es que, de comprar un libro, los costes de envío y los tiempos de espera son muy elevados.

La prueba es que hace como 3 semanas que mandé imprimir una segunda versión de ese libro que anda dando vueltas en mi cabeza y a día de hoy aún estoy esperando.
Lo bueno es que permite hacer versiones digitales de manera muy fácil y supuestamente publicarlas en el iBooks de apple.

Como lo de publicarlo en iBooks parece que también va para largo por los tiempos de revisión, si tenéis curiosidad por ver el resultado podéis descargar aquí Historias de Japón

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Pero lejos de terminar aquí esto solo es el comienzo.
Publicar esto y pedir feedback a diversos fotógrafos y artistas, me ha hecho darme cuenta de lo mucho que me falta por recorrer en cuanto a fotografía, arte y a aprender a contar historias usando imágenes. Así que probablemente esta versión nunca vea la luz, o si. Vete a saber 🙂

Sea como sea estaré entretenido en ese sentido durante los próximos meses, o incluso años.

Otro de los campos que estoy explorando es el video, primo de la fotografía, pero a la vez completamente diferente.

Con el vídeo a penas estoy dando mis primeros pasos, pero creo que lo mejor para no abandonar un proyecto es hacerlo divertido así que por eso estoy aumentando mis colaboraciones con Héctor y Rodrigo en The Geek and the Friki.
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Decidimos hace unas semanas darle mucha más vida al canal, e incluir no solo los episodios de las charlas, si no videos random e incluso un video blog de la vida “cotidiana” de cada uno por aquí.

La idea es subir al menos un video por día y por ahora estamos cumpliendo!, así que si os interesa pasaros por el Canal de Youtube y si os parece divertido y os apetece suscribiros pues mejor que mejor 🙂

Y lo siguiente en lo que voy a estar trabajando es un nuevo proyecto relacionado con el Karate, pero de eso ya hablaré cuando tenga algo más tangible que contar.

Stay tuned! 😉

Ikigai – Secretos para una vida feliz

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Aún perdura el eco de risas de los abuelos de Ogimi, canciones al son de palmas cantadas en buena compañía, celebrando, siempre celebrando y riendo.

Tengo aún la imagen de los yanbaru de Okinawa de un verde imposible, con el olor de la humedad flotando al rededor y las siluetas de abuelillos caminando tranquilamente de un lado a otro, sin demasiada urgencia pero a la vez sin pausa.

No, no es que me haya ido de viaje de fin de semana.

Más bien me he pasado las últimas horas atrapado entre las páginas de Ikigai, el último libro de Héctor García y Francesc Miralles, uno que se va a convertir en el regalo que pienso hacer a todos mis amigos/familiares para las siguientes fiestas.

La cosa es que ayer, por motivos que no vienen a cuento, tuve un día no muy bueno (un día de mieeeeerda vamos).

Afortunadamente tengo gente en la que puedo contar para aguantarme cuando estoy de mal humor y ayudar a levantarme cada vez que tropiezo.

Uno de ellos es Rodrigo, a.k.a Zordor, que al ver la mala energía que me venía rondando últimamente me pasó el relevo del Ikigai que le entregó Héctor aquí.

Estuvimos charlando un poco más y al rato nos despedimos.

“Vamos a ver que es esto del Ikigai del Kirai” pensaba mientras esperaba la Yamanote en la estación de Meguro… y al llegar a Shibuya (3 estaciones) mi mal humor había desaparecido y ya estaba completamente enganchado.

Héctor es otro de esos amigos de los que hablaba antes. Y es un tío que, a pesar de que crees conocerlo, siempre se las arregla para salir con una genialidad nueva que ni veías venir.
Este libro es una de ellas.

Leer Ikigai me ha recordado muchas conversaciones que hemos compartido paseando por Tokyo, y me sorprende que el libro transmita tanta familiaridad desde las primeras hojas.
También creo que Francesc ha hecho un trabajo increíble domando su lenguaje ingenieríl, cargado de datos, convirtiéndolo en una lectura que simplemente atrapa.

Ikigai (生き甲斐) se traduciría por algo similar a encontrar el propósito de la vida o la búsqueda del sentido de la misma.
Esto que puede sonar muy profundo o tal vez demasiado trillado, viene explicado de manera muy sencilla y a la vez muy clara a lo largo de las páginas del libro, que sinceramente se hace corto!

Y creo que aquí reside uno de los éxitos fundamentales de esta obra. Dejar esa sensación de querer más.
Me ha despertado las ganas de aprender más y de buscar una forma renovadas de vivir cada día. Por suerte, podemos encontrar unos cuantos consejos y herramientas para dar los primeros pasos en busca de MI ikigai.

Uno de los efectos secundarios tras leer el libro de los que me he dado cuenta, es un exceso de consciencia.
De pronto comienzas a descubrir en cada misma escena cotidiana detalles que siempre han estado ahí y en los que no habías caído hasta haber dedicado 5 segundos a ser consciente del momento.

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Ikigai hasta programando!

Me ha refrescado varias cosas de las que he hablado en ocasiones anteriores. Aprovechar el momento, mantenerse activo, eliminar el ruido y la negatividad a tu alrededor, y ser consciente en todo momento de que cada segundo de nuestras vidas es irrepetible y valioso.

Sabéis que? antes me equivocaba diciendo que no me he ido de viaje. Lo cierto es que si que he comenzado uno, pero no me ha hecho falta salir de Tokio. Es un viaje interior.
Y es una ruta increíblemente gratificante de recorrer 🙂

Ikigai en Amazon aqui

Inspiración

No acabo de entender como funciona esta cosa.

De pronto hay épocas en las que simplemente escribir o fotografiar son tareas completamente hercúleas, que requieren un enorme esfuerzo.
Y otras en las que sin pensarlo, mi cabeza es incapaz de pensar en otra cosa que historias, imágenes y lugares que quiero capturar con el objetivo.

A contratiempo, como tantas otras cosas otras tantas veces.

Llevo una hora larga delante de la pantalla, con líneas de código que se que debo escribir, pero que no nacen.
Ojo, no me quejo, me gusta mi trabajo, disfruto desarrollando software. Es solo que no me sale.

En cambio no puedo dejar de pensar en patear calles, cruzar ríos y fotografiar caras.
Me vienen a la mente personajes curiosos que podría incluir por casi cualquier callejuela por la que paso, y que apunto en la libreta para, tal vez , luego después del trabajo, darles algo más de cuerpo y vida en alguna historia.

Mañana, luego, el fin de semana, el próximo mes… he de hacer de estas palabras mis enemigas mortales.

Ahora!!